
Precariedad, paro disparado, imposible acceso a la vivienda, falta de oportunidades… Los partidos se han lanzado a por los jóvenes sin ocultar que es uno de los sectores de la población que está pagando las crisis que encadena España, aunque sin acuerdo en la receta para paliar los efectos. A pesar de los numerosos problemas que sufre este colectivo, las organizaciones juveniles de los partidos están prácticamente desaparecidas del debate frente los tiempos del pasado en el que eran la punta de lanza de movilizaciones y protestas universitarias.
¿Qué opinan los líderes de las ramas juveniles de los principales partidos? ¿Qué acciones están llevando a cabo al frente de sus organizaciones? ¿Sirve para algo mantener estas estructuras dentro de las organizaciones políticas? Hablamos con Omar Anguita, secretario general de las Juventudes Socialistas; con Beatriz Fanjul, presidenta de Nuevas Generaciones del PP; con David Rodas, portavoz de Rebeldía, la asociación juvenil de Podemos; y con Guillermo Ucar, dirigente de las Juventudes Comunistas. El único partido que no tiene una cabeza visible en esa área es Ciudadanos, donde explican que cada territorio tiene su «coordinación de Jóvenes».
Todos defienden su papel y aseguran, cada uno desde su atalaya, que luchan por los derechos de la juventud y por mejorar sus condiciones de vida, que reconocen que cada vez son peores para una gran mayoría. Además, coinciden en achacar ese parón de las protestas a la pandemia y en ver en el auge de las redes sociales una nueva forma de canalizar la movilización social y las protestas. No obstante, también entonan en cierta medida el ‘mea culpa’.
La realidad es que no todos sufren la precariedad laboral ni sufren problemas habituales de su generación, como las dificultades para pagar el alquiler. Omar Anguita y Bea Fanjul, por ejemplo, son diputados nacionales y tienen un buen sueldo que oscila entre los 5.000 y los 6.000 euros mensuales en los que se engloban sendos complementos libres de impuestos para sufragar sus gastos en la capital y ejercer su trabajo parlamentario: 900 euros en el caso de Anguita, que es diputado por Madrid, y de 1.900 euros en el de Fanjul al ser electa por Vizcaya.
Omar Anguita (30 años) dirige desde 2017 las Juventudes Socialistas, a las que se afilió con tan solo 14 años. Dentro de escasas semanas habrá primarias para sustituirle en el cargo. En su vida política ha ocupado puestos de responsabilidad orgánica a nivel municipal (secretario de organización de su agrupación en 2007; secretario general de la misma en 2012; y entró en la Ejecutiva regional, en 2013. En mayo de 2019 logró un acta de concejal en el Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid que ostentó hasta que ocupó el escaño por Madrid que dejó vacante en el Congreso Dolores Delgado al ser nombrada Fiscal General del Estado. Como líder de Juventudes, ha tenido un puesto fijo en la Ejecutiva de Pedro Sánchez.
«Tengo la suerte de poder llegar sin problemas a fin de mes dado que ahora estoy trabajando en el Congreso de los Diputados. Es verdad que es el sueldo más alto que he tenido en mi vida. Y, sí, comparado con mis amigos puede decirse que soy un privilegiado», reconoce Omar, para aclarar después que ha cotizado varios años fuera de la política. «He trabajado de camarero, en seguridad, como tripulante de cabina, de transportista… he tocado un poco de todo». Anguita cuenta que empezó a estudiar «turismo bilingüe» pero en tercero se puso a trabajar y dejó la carrera.
El líder de las Juventudes Socialistas justifica que su organización no impulse acciones de protesta en la calle porque el PSOE está en el Gobierno: “No hacemos manifestaciones contra nuestro propio gobierno, claro». Pero reivindica que tiene poder para cambiar las cosas desde dentro: “No tenemos que manifestarnos para que el partido y el Gobierno nos hagan caso, tenemos espacios de diálogo». “El bono joven es una propuesta que hicimos nosotros el año pasado y que el Gobierno ha asumido ahora», asegura.
En cuanto al hecho de que los jóvenes salgan ahora menos a protestar a la calle que hace unos años lo achaca a dos factores: por una parte, al parón que ha obligado la pandemia; y, por otra, a la canalización de la frustración y las críticas a través de las redes sociales. «Se ha rebajado la tensión en la calle y se ha pasado a los medios de comunicación y a las redes sociales», opina. No obstante, reivindica su pasado de joven rebelde: «Yo he sido muy activista y he estado en todas las manifestaciones contra el Gobierno del PP, defendiendo los derechos sociales y las libertades que la derecha nos quería arrebatar».
En el otro extremo del tablero político está Beatriz Fanjul (30 años), presidenta de Nuevas Generaciones del PP, un cargo para el que acaba de ser elegida hace apenas unos meses y en el que le quedan más de tres años por delante. Anteriormente fue también presidenta de Nuevas Generaciones del País Vasco.
Al igual que Anguita, Fanjul es diputada nacional, pero en su caso por Vizcaya, dado que es de Bilbao, donde vive con sus padres. En Madrid, según cuenta, tiene un piso que no le cuesta pagar gracias a esos 1.900 euros que recibe mensualmente del Congreso como dieta. “La verdad es que no nos podemos quejar», dice, mientras reconoce que antes de ser diputada no hubiera podido vivir sola porque no le habría llegado su salario. «No me lo habría podido permitir. Me tendría que haber emancipado para vivir con 4 o 5 amigos, que eso en realidad tampoco es emanciparse”, afirma. «Sé que los precios [de los alquileres] están desorbitados», dice, pero al igual que su partido, no cree que las medidas propuestas por el Gobierno sean la solución. «Entiendo el cabreo de la gente joven y lo comparto», sentencia.
La dirigente de Nuevas Generaciones se presenta como una joven que se ha hecho a sí misma, trabajando antes de llegar a la política en la empresa privada con sueldos precarios. Según cuenta, estuvo en Tubacex, una multinacional del País Vasco, en el departamento de compra y venta. «Empecé cubriendo una baja y lo dejé para presentarme a las elecciones de 2019, justo cuando estaban a punto de hacerme un contrato fijo». Antes había estado «como becaria» en la Fundación Novia Salcedo. «Mi primer salario fue de 600 euros, luego me lo subieron a 800 y luego me lo volvieron a subir, aunque no recuerdo a cuánto», desvela. Fanjul estudió la carrera de Administración y Dirección de Empresas (ADE) pero no la llegó a acabar: «Me falta aún una asignatura de la que estoy matriculada ahora en la UDIMA».
La joven dirigente del PP rechaza que los militantes de su formación sean jóvenes «acomodaticios»: «Yo cuando cogí la presidencia de Nuevas Generaciones lo primero que hice fue cambiar el organigrama, que tenía la misma estructura que la del partido, para crear áreas distintas, como Cultura, Deportes, o Emprendimiento, actualizamos la organización para adaptarla a las actividades de la gente joven». «Hemos hecho varias campañas, aunque ahora durante la Convención Nacional las hemos parado. Pero tenemos en marcha una sobre la prevención del suicidio, vamos a sacar una plataforma de formación para todos los afiliados y los que no están afiliados. Y hacemos After Work con jóvenes empresarios para abrir el partido a los que no militan. También estamos trabajando en otra campaña de ‘raíces’ para reivindicar la repoblación para que los jóvenes se queden en su pueblo», explica.
La diputada y líder de Nuevas Generaciones admite que «tradicionalmente la izquierda se ha movilizado muchísimo más. A la derecha le ha costado más». «A mí me llama mucho la atención que teniendo el índice de paro juvenil que tenemos y la precariedad de la gente que está trabajando o las altas tasas de abandono escolar, que todavía no hayamos salido a la calle a decir qué está pasando», asegura con desparpajo. Al ser preguntada por qué no convoca protestas su organización juvenil como en su día lo hizo la izquierda contra el Gobierno del PP, se escuda en la institucionalidad: «Al tener tres diputados jóvenes en el Congreso trabajamos conjuntamente dentro del Grupo Popular presentando iniciativas para que salgan adelante».
Mientras los dos grandes partidos han contado desde sus inicios con organizaciones juveniles, en Podemos han tardado varios años en materializar la idea. Tras varios intentos que no cuajaron, la formación envió un mensaje a los inscritos en el que asumía que las «dinámicas de poder adulto» habían impedido la presencia y participación de los jóvenes. «Han coartado la motivación y el empoderamiento de las personas jóvenes que se acercan a militar en Podemos, una realidad fácilmente constatable en todos los territorios [decía ese texto]. Nuestros espacios de participación no siempre han sido cómodos o atractivos para ellos y ellas». Así nació Rebeldía.
La organización no cuenta con un líder al uso. Su dirección política y organizativa está totalmente descentralizada y funciona a través de «un grupo motor, pero sin una cabeza predominante». Así lo explica David Rodas, el portavoz designado para hablar con esta redacción. «Nuestra actividad es meramente militante, no cobramos nada», aclara.
Rodas tiene 22 años y vive en el municipio madrileño de Torrelaguna con su madre. Es estudiante de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales, carrera que espera acabar este año. Además, trabaja como suplente de auxiliar administrativo en un centro de salud. Rodas lamenta que haya tan poco mercado del alquiler y cree que hay extender la ley para hacerla más ambiciosa: «Deberíamos ser capaces de poner sobre la mesa la expropiación de viviendas vacías a los grandes tenedores, no hablo de los pequeños rentistas».
Tuvo interés por la política ya en el instituto de su pueblo en el que organizaban manifestaciones contra la LOMCE: “Dábamos mucha guerra”. La última manifestación a la que acudió fue a la del 1º de mayo.
Rodas se inscribió en Podemos a los 18 años, pero insiste en la independencia de su organización: «No somos una parte orgánica de Podemos, somos una organización juvenil que se referencia en Podemos electoralmente y que Podemos nos reconoce como organización joven de referencia pero somos autónomos en lo político e independientes en los organizativo. Eso nos permite tener un contacto más fluido con los movimientos sociales y la sociedad civil». Reconoce que han notado «una importante paralización» de las movilizaciones de estos sectores. «Nosotros más que intentar liderar o capitalizar el movimiento social lo que queremos es dejar ese espacio a esos movimientos sociales. Pero acepto la crítica de que tendríamos que tener un papel en el liderazgo político del movimiento social que no estamos teniendo».
El joven de Rebeldía coincide con Anguita y Fanjul en que las redes sociales son «herramientas muy interesantes en el plano comunicativo y de la acción política, como, por ejemplo, acciones que se pueden llevar a cabo a través de plataformas como Tik Tok”. “La forma de movilización digital, por así decirlo, que se está fraguando y que es un combate a día de hoy, también denota en qué está la juventud. Yo creo que es importante también reivindicar el ocio, esos felices años veinte de vuelta», asevera.
Sobre la actividad que realizan explica: «Esta semana pasada nos hemos estado movilizando contra las eléctricas en casi todas las ciudades de España, hemos estado en el Mar Menor, hemos estado con las plataformas contra las casas de apuestas. Nos movemos pero es verdad que tampoco los medios de comunicación nos ayudan a visibilizarnos lo suficiente. Nos es muy difícil entrar en la agenda mediática», lamenta.
«Sabemos que tiempos atrás las juventudes comunistas o socialistas han tenido un papel predominante en la movilización de la juventud pero tampoco podemos caer en la nostalgia. Porque hay que recordar que en estos años, por supuesto, muy al calor del ciclo del 15M y otros movimientos, también la juventud se ha empoderado mucho, especialmente en el plano del feminismo», sentencia.
Una de las organizaciones cuyos militantes siempre se han mostrado sumamente combativos en la calle contra los gobiernos de turno han sido las Juventudes Comunistas, que acaban de celebrar el centenario de su fundación y la tradicional fiesta del PCE. En su web se definen como una «escuela de comunistas, de cuadros, de activistas capaces de llevar a cabo la extensión de la lucha ideológica, política y económica por la superación del sistema capitalista y sus contradicciones».
Al frente de esta organización está desde abril de 2019 Guillermo Ucar, de 29 años, licenciado en Químicas. Su mandato acabará en 2022 justo cuando haya sobrepasado la treintena. Ahora está «liberado» en las Juventudes, donde tienen la “máxima” de no poder cobrar “un salario que no sea el eje de la vida real de la juventud”. “Cobro ajustado con el SMI, unos mil euros”, desvela. De ellos destina al alquiler de su piso 400 euros. El dirigente de Juventudes Comunistas es de Zaragoza: “Soy bastante itinerante, voy y vengo».
De su perfil profesional destaca los ocho veranos que trabajó como socorrista [desde los 16 años] para pagarse los estudios, o como camarero, técnico de laboratorio, haciendo consultorías y albaranes, y en la última etapa, dos años como profesor interino de Formación Profesional o en una academia. «Tengo en mi vida laboral varías páginas con muchos contratos acumulados», expresa.
Ucar rechaza que la juventud, y sobre todo su organización, no esté dando la batalla por los jóvenes: «Lo que estamos viendo los últimos meses, sobre todo durante la pandemia, es que ha habido una especie de criminalización, un señalamiento a la juventud como culpable, y eso hace invisibilizarlo todo bastante». «Nos hacen muchas críticas exteriores sobre que no nos estamos movilizando por los problemas reales pero es que hemos estado en nuestra casas encerrados mucho tiempo. Nos ha afectado mucho la pandemia», recuerda.
Pero también admite que después de una década de movilizaciones esas ganas de salir a la calle para protestar se han ido apagando: «La verdad es ahora hay poca movilización social en términos generales, pero sí que se está de nuevo trabajando. Por ejemplo, a nivel estudiantil, se está reorganizando la gente contra la nueva ley de Universidades. Y también hay actos sobre vivienda y alquileres y sobre cómo pueden responder ahora mismo los sindicatos de inquilinos, pero no específicamente como Juventudes Comunistas, sino a través de los espacios que están destinados a ello», explica.
“Acabamos de impulsar una campaña postpandémica en la que decimos que somos demasiado jóvenes para ser tan infelices y lo hemos sacado a la calle, con pancartas y difusión por redes, intentando vincular que nuestra realidad de precariedad, que ya era mala antes de la pandemia, nos está dejando peor o enfatizando la salud mental, que no es nuevo», afirma sobre la actividad de Juventudes Comunistas: «Lo que creemos es que hay que organizar ese pesimismo y eso se debe de mostrar en forma de reivindicación. Nosotros estamos intentando trabajar para que haya movilizaciones estudiantiles, por ejemplo, contra la situación de la vivienda».
Uno de los partidos que no cuenta con un líder juvenil específico es Ciudadanos, donde los afiliados «están perfectamente integrados en la dinámica del partido, ya que su talento y sus ideas son fundamentales para impulsar medidas en las distintas instituciones donde estamos presentes», según explican fuentes de la organización. Antes había una responsable del área de Juventud, que era Melisa Rodríguez, pero la dirigente canaria abandonó todos sus cargos en Ciudadanos.
Las mismas fuentes aclaran que «cada territorio tiene su coordinación de Jóvenes, y desde ahí todos aportan al conjunto del partido». También explican que «si bien los actos presenciales han disminuido en los últimos meses por las restricciones, recientemente los Jóvenes han puesto en marcha una iniciativa consistente en encuentros sectoriales», por ejemplo, sobre turismo interior, pero de momento ninguno para informar o debatir sobre la Ley de Vivienda.
«El protagonismo de los Jóvenes de Ciudadanos es total: impulsan políticas, aportan talento y contribuyen, con su trabajo, a construir una sociedad mejor para el conjunto de los españoles», añaden. “Otros partidos optan por otras fórmulas de organización pero en Ciudadanos consideramos que la mejor manera de apostar por los jóvenes y por facilitar su participación no es con un departamento al uso, sino impulsando su participación dentro del partido, que da voz a sus afiliados sin importar la edad. De esta manera, los liberales no solo apostamos por los jóvenes, sino que llevamos sus temas de conversación, sus inquietudes y sus propuestas a las instituciones», finalizan.
source ¿Dónde están los líderes juveniles de los partidos? El difícil encaje entre el acomodo y la rebeldía