Sicarias del Cierzo, 10 años de empoderamiento sobre patines

El Roller Derby es un deporte de contacto sobre patines todavía minoritario en España. A pesar de estar aumentando su influencia fuera y dentro del país, en Aragón solo hay un equipo que lo practica: las Sicarias del Cierzo. Este club tiene entre sus bases la inclusividad, el trabajo en equipo y el apoyo mutuo.

En esta modalidad de contacto y cuatro ruedas que se disputa durante dos períodos de treinta minutos, dos equipos de cinco jugadoras se enfrentan sin pelota en una pista ovalada. En cambio, sí existen las anotadoras cuyo rol lo ejerce una persona de cada equipo a la que se le puede identificar por una funda de estrella que lleva en su casco. Mientras, el resto de las integrantes desempeñan la función de bloqueadoras al impedir que la rival se anticipe y anote un punto. Al mismo tiempo, hay que intentar que las contrarias no obstaculicen a su anotadora.

No solo están ellas en el juego y es que también son necesarios los árbitros. Cuatro de ellos, dos por anotadora, se dedican únicamente a seguir los pasos de esta jugadora y contabilizar los puntos. El resto pitan las faltas, que son fáciles de cometer una vez que estás empezando a pesar de contar con normas claras que prohíben dar manotazos, codazos, tocar la cabeza de la rival y emplear de rodilla para abajo.

Lucía Gan Benedí, una de las jugadoras más veteranas, lo considera un deporte de «agilidad, fuerza, estrategia, equilibrio, explosividad y trabajo en equipo» y, aunque esta práctica tiene su origen en los años 20 cuando en Estados Unidos se crearon las carreras de mujeres en patines, hasta el año 2000 no se volvió un deporte de contacto y llegó a España. Ella, que siente que esta actividad «te empodera tanto fuera como dentro de la pista», fue una de las que sembró la semilla del Roller Derby en Zaragoza a comienzos de 2012 junto a un grupo de chicas de Facebook que leían sobre él en inglés y viajaban hasta otras ciudades para aprender. 

«Somos un pequeño equipo, luchador y lleno de grandes mujeres. Pero se ha creado una familia en la que yo sé que puedo apoyarme, en la que tengo confianza y seguridad y que va acorde a mis valores personales y deportivos. Además, cuando voy a entrenar es un momento de desconexión total donde me olvidó de que hay problemas fuera», confiesa Gan, de 34 años, al sentir al equipo como «un espacio seguro» en el que se crea un lenguaje «diferente».

En Sicarias del Cierzo no hay edad para empezar en el equipo y no hay un «no puedes» por respuesta. Allí reciben a todo aquel que quiere formar parte, haya patinado antes o no, siempre y cuando sea mayor de edad o tenga 17 años y cuente con una autorización. Nerea Remón, jugadora que se incorporó la temporada pasada tras una de las jornadas de reclutamiento en las que dan la bienvenida a nuevas integrantes y tras los tres meses de iniciación en el que «es fácil sentirse perdida», considera que el Roller Derby ha sido «como un regalo» al darse cuenta de que «aún quedan muchas cosas por descubrir» independientemente de la edad que tengas. 

«Este club cuenta con unas implicaciones feministas que creo que pueden atraer a nuevas personas y que creemos que son necesarias. Además, da igual la edad porque es un deporte intergeneracional en el que tú te implicas hasta donde quieres y hasta el momento que decidas. También es una herramienta de empoderamiento bastante potente porque el Roller derby te habla de aceptar tu cuerpo, de que tienes tu lugar en el mundo y de que existen entornos sanos», explica Remón, de 22 años.

A su vez, Gan señala que forman parte del movimiento body positive porque «es lo necesario y lo lógico» y cree que la difusión de estos valores en otros deportes sería el resultado de «ser más conscientes y hacer conciencia» en todos los ámbitos y disciplinas.

En Roller Derby es esencial la velocidad, la resistencia, la fuerza física y el equilibrio sobre patines, pero en las Sicarias del Cierzo la base también reside en la confianza, compañerismo, competitividad sana e ilusión. Características que son un gran ejemplo de empoderamiento para el colectivo de deportes femenino y para la visibilización de las jugadoras que no se han visto tan valoradas practicando otros deportes.

Todas las integrantes cuentan con un «nombre de guerra» que surge de la idea de la existencia de un alter ego. «En tu vida tienes responsabilidades. Por la mañana eres abogada, profesora, ingeniera, estudiante, madre, lo que sea. Pero por la tarde eres Garrampa, Medusa, La Vikinga o como yo, Lucía la Piedras», comenta Gan haciendo referencia a que muchos son juegos de palabras o usos diversos de tu propio nombre. En cambio, Nerea Remón, alias Sputnik, es de ese grupo que eligió su apodo en base a algo que les representaba o gustaba y es que el suyo significa compañero de viaje en ruso.

Ahora siguen autogestionándose ellas, venden merchandising para conseguir financiación, organizan vermús y comidas gracias a las comisiones que han creado dentro del equipo, apuestan por el tercer tiempo como un momento de conocerse, celebrar y disfrutar fuera de pista, entrenan dos días a la semana en el pabellón de Garrapinillos y también tienen su propia asociación, la Asociación de Roller Derby en España (ARDE), junto a los otros 29 clubes de este deporte que hay distribuidos por toda España en la actualidad.

Este año soplan las velas de su décimo aniversario y, aunque en el calendario no se puedan desvelar fechas marcadas, buscan organizar actividades con todos los públicos, obtener nuevas ayudas, optar a más subvenciones, entrenar «con normalidad» y contar con nuevas caras en los próximos meses.

«Le diría que venga, que lo pruebe. Porque tiene que ver desde dentro cómo funciona el equipo, cómo son los entrenamientos y conocer a la familia que estamos creando. Todo el mundo puede practicar este deporte. Solo se necesitan ganas de entrenar, de superarse y de disfrutar del aprendizaje», apunta Lucía Gan respecto a las posibles nuevas incorporaciones. Nerea Remón, por su parte, anima a que «todos los pensamientos que les causen algún tipo de parón y stand by los dejen a un lado y disfruten de lo que se ofrece, de jugar, ya que es algo que parece que cuando te haces mayor se va perdiendo».

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