
Miles de sustancias están en contacto diario con nuestra piel y muchas de ellas pueden provocarnos una reacción. Una exposición suficiente en tiempo y cantidad, incluso a sustancias presentes en productos cotidianos, nos puede irritar la piel. Aparecen síntomas como piel enrojecida, ampollas, sequedad y grietas.
Esta reacción, que suele ocurrir a las pocas horas o días de exposición, puede afectar a cualquier parte del cuerpo, aunque lo hace con mayor frecuencia en zonas más expuestas como las manos y la cara. Hablamos de la dermatitis de contacto, una afección de la piel que aparece tras la exposición a algo a lo que somos sensibles o alérgicos.
Aunque no se sabe con exactitud cuál la prevalencia, se calcula que representa entre el 85-95% de todas las enfermedades cutáneas ocupacionales en los países industrializados. Y es que, según datos de la Organización Mundial de la Alergia, (WAO), una particularidad de la dermatitis de contacto es la relación que guarda con la exposición ambiental, que puede determinarse por el lugar y la forma de las lesiones cutáneas.
En la mayoría de los casos la dermatitis de contacto se agrupa en dos tipos principales:
Floristas, peluqueros, esteticistas, cocineros, metalúrgicos y otras ocupaciones de fabricación, así como las profesiones relacionadas con la salud, son los que están en mayor riesgo, según confirma una revisión publicada en British Medical Journal.
La dermatitis de contacto puede ser difícil de diagnosticar ya que en algunos casos coexiste con otros tipos de eccema. Pese a todo, en el caso de la dermatitis irritante se suele realizar un historial de exposición a sustancias irritantes, teniendo en cuenta cuál es el trabajo de desempeña la persona, qué estilo de vida lleva, etc.
La dermatitis alérgica de contacto suele diagnosticarse mediante la prueba del parche, que consiste en aplicar distintas sustancias (distintos alérgenos que se quiere estudiar y que selecciona el dermatólogo) sobre la piel de la espalda en unos soportes denominados parches, similares a una pegatina.
Durante un mínimo de 96 horas, la persona no puede ducharse ni hacer ejercicio físico intenso. Estos parches suelen dejarse unos dos días, tras los cuales se retiran y se elabora una primera lectura, es decir, comprobar si se ha producido algún tipo de reacción en la espalda.
La segunda lectura se realiza a las 96 horas e, incluso, puede hacerse otra más al cabo de una semana. En el caso de que una sustancia provoque reacción, lo más habitual es que aparezca un eccema pequeño, de color rojo y que causa picor.
La principal forma de tratar la dermatitis de contacto es identificar la causa y eliminar la fuente de la sustancia irritante o el alérgeno del contacto con la piel. Sin embargo, en ocasiones esto no resulta tan fácil. Por tanto, es importante tomar medidas para proteger la piel.
Si se sabe la causa, debe evitarse el desencadenante; si no es posible, deben adoptarse medidas de protección:
En algunos casos la dermatitis de contacto puede llegar a tardar varios meses en controlarse. En estos casos suelen usarse cremas con esteroides, humectantes para reducir la inflamación de la piel y esteroides tópicos. En el caso de dermatitis de contacto grave puede ser necesario administrar otros tratamientos por vía oral, como antibióticos. Algo que valorará el dermatólogo.
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source Dermatitis de contacto: qué es y que se puede hacer contra ella